jueves, 16 de noviembre de 2023

Le dedico mi silencio

 Es el título del último libro escrito por el prolífico escritor peruano Mario Vargas Llosa y lo acabo de leer. Es una mezcla de ficción y ensayo ya que por un lado nos cuenta una historia protagonizada por el escritor Toño Azpilcueta y por otro nos introduce de lleno en el folclore peruano en el que el escritor nos deslumbra con sus amplios conocimientos.



La historia de Toño Azpilcueta se desarrolla en la década de los noventa en un Perú castigado por el terrorismo de Sendero Luminoso y nos describe la vida de un escritor de medio pelo que combina sus artículos sobre la música criolla peruana de la que es un gran conocedor colaborando en revistillas que muy poca gente lee, sus clases en un colegio y su vida familiar. Un día su vida da un giro inesperado y completo. Un conocido le invita a un espectáculo en el que actúa un guitarrista desconocido para él y que le deslumbra de tal manera que a partir de entonces su vida la va a dedicar a descubrir todo sobre él. Su nombre Lalo Molfino, un personaje esquivo y solitario. Toño Azpilicueta viaja a sus orígenes para intentar conocer todo sobre él: su historia personal, su familia, amoríos, cuando comienza a tocar la guitarra, maestros, etc. Con los datos que va obteniendo decide escribir un libro sobre el excelso guitarrista y el folclore peruano con sus variantes: Vals peruano, marineras, polkas y huainos. Una obsesión ronda por su cabeza  y es la posibilidad de que el folclore peruano sirva para provocar una revolución social que sea capaz de terminar con prejuicios sociales y raciales y una en un abrazo fraternal a todo el pueblo peruano. Todo esto lo plasmará en su libro.


La parte del ensayo se va entrelazando con la ficción a lo largo de la novela. Hace un amplísimo estudio  del folclore peruano, llamada música criolla y afroperuana. Como surge en los pobrísimos callejones de Lima  a finales del siglo XIX donde la indigencia y la miseria son manifiestas. Aquí se juntan sus pobladores y comienza a cantar y a tocar con guitarras, contrabajos, pianos y el  cajón peruano que consiste en una caja hecha con maderas duras y viejas que hace las veces de percusión y que se toca con las manos. Las clases altas limeñas rechazan este folclore. Ellos prefieren lo que viene de España. Aparece una extensa relación de cantantes, grupos, cajonistas y títulos de obras. Dos artistas aparecen como grandes impulsores de este nuevo movimiento: Felipe Pinglo  Alva y Mª Isabel Granda y Larco, más conocida como Chabuca Granda. Durante todo este relato se insiste en la utopía de la confraternización de todas las capas sociales gracias a la música criolla y como ésta servirá de unión a todos los habitantes del Perú ya que poco a poco y gracias a Chabuca Granda las clases sociales altas (ella provenía de ese estatus) van a ir aceptando esa nueva variante de la música peruana. Títulos como José Antonio, La flor de la canela y Fina estampa van a ir formando parte de su repertorio musical.


Otro de los temas que aborda con insistencia durante toda la novela es el de la "huachafería" y sus sustantivos "huachafo", "huachafa". Término que se podría equiparar a cursilería o al aparentar ser algo que no eres. Hace una amplísima exposición sobre a que aspectos de la vida se puede aplicar este adjetivo. Parece ser una palabra muy usada en el Perú. Pienso que ellos sabrán cuando y como utilizarla. A mi no me ha quedado muy claro aunque ya digo que se explaya en intentar explicar su utilización.

Cajón peruano

Un gran libro, una gran novela que nos sitúa en el Perú natal de Vargas Llosa al que da forma. Primorosamente escrito. Muy agradable y reposada su lectura. Sin sobresaltos aunque lo escribe con apasionamiento.

Vals peruano

Un saludo,





jueves, 22 de junio de 2023

Un Caballero en Moscú

 Hace unos días terminé de leer "Un caballero en Moscú" libro escrito por Amor Towles, un enamorado de la literatura rusa, y tengo que reconocer que me entusiasmó. Una novela en la que prácticamente la totalidad de la trama se desarrolla dentro de un hotel a lo largo de casi cuatro décadas. El gran y lujoso Hotel Metropol de Moscú. Su protagonista es el conde Aleksandr Ilich Rostov un aristócrata ruso al que le cambia radicalmente la vida con la llegada de revolución bolchevique.


Comienza el libro con el juicio al conde Rostov en 1922. Su destino como el de muchos de su condición era la pena de muerte pero gracias a un poema subversivo escrito 10 años antes por un amigo suyo, el escritor revolucionario Mijaíl Fiódorovich, y firmado por el conde,  elude la pena máxima y es condenado a arresto domiciliario permanente en el Hotel Metropol, donde ya residía en una lujosa suite. Su sorpresa al volver al hotel es que ya no vivirá en esa habitación sino en otra situada en el último piso destinada al servicio.

Que bien describe Towles al protagonista: una persona elegante, sibarita, refinado, gran conversador y excelente gastrónomo. De hecho se coloca como camarero en el exquisito restaurante del hotel, el Boiarski. Aquí forma el llamado "triunvirato" junto con el cocinero Emile y el maitre Andréi. Los tres se conocen todos los entresijos del hotel y siempre están bajo sospecha por el director del hotel "El Obispo", así es como ellos le denominan. Un personaje gris, nombrado por el Partido.

Hotel Metropol

El conde, desde dentro del establecimiento, ve como transcurre la historia en la Unión Soviética durante cuarenta años. El hotel, el más lujoso de Moscú, es centro de reunión y de paso de personajes variopintos: miembros del Partido Comunista que acuden con sus amantes, reuniones de la cúpula del Partido, embajadores y periodistas extranjeros, deportistas, artistas de cine, etc. Tres personas marcarán la vida del aristócrata: La actriz Anna Urbanová y  Nina y Sofía (las niñas que le cambiarán la vida cada una en su momento).


Una gran novela en la que el autor maneja perfectamente todas las posibilidades que le da un entorno tan reducido. Escrita con muy buen gusto y llena de referencias gastronómicas y cinematográficas. 

Un libro de los que queda grabado.

Un saludo,



lunes, 19 de junio de 2023

La Costa Vicentina

 Durante este mes de Mayo hemos pasado unos días viajando por Portugal y, aconsejado por un compañero de trabajo portugués, hemos conocido la Costa Vicentina. Esta zona forma parte del sudoeste Alentejano y ocuparía un espacio entre Sines y Sagres. Para entendernos mejor sería la costa atlántica situada por encima del Algarbe. Son aproximadamente unos 150 km de litoral entre los que se intercalan grandes acantilados y playas con grandes arenales. Llaman la atención los pueblos de esta zona. Muy cuidados, limpios, los accesos a las playas muy logrados y con zonas de aparcamiento bien delimitadas que permiten situarte prácticamente a pie de playa.

Costa Vicentina

Veníamos de pasar unos días en Guimarães y a través de la autopista A1 que continuaba con la A 13 y finalmente con la A2 nos desviamos hacia el oeste dirección Odemira. A unos 6 km de esta localidad teníamos reservado nuestro alojamiento en un hotel/refugio totalmente apartado del mundanal ruido: Refugio do Monte (www.refugiodomonte.com). Pasamos 3 noches en un lugar rodeado de alcornocales, con un silencio total y muy bien atendidos por Emilia. Este sería nuestro punto de partida para las excursiones que realizamos.





Refugio Do Monte

Aprovechando el trayecto y que  pasábamos cerca de Fátima, nos acercamos a visitar el santuario mariano. No sé si coincidió el día pero comparando con Lourdes me pareció menos masificado. Una inmensa explanada se extiende a los pies de la Basílica donde se encuentra un imponente altar que seguramente se utilizará en los grandes eventos. Unos días antes, el 13 de Mayo, se habían celebrado los 106 años de la la primera aparición de la Virgen a los pastorcitos (13 Mayo 1917) y me imagino que sería conmemorado por todo lo alto.

Explanada Santuario de Fátima

Tras este inciso turístico/religioso retomamos el viaje. Llegamos por la tarde a Odemira después de que el Tom-Tom nos jugara una mala pasada y no reconociera una carretera (es el problema de no actualizarlo), lo cual hizo que nos desviáramos unos cuantos kilómetros del final de etapa. Una vez allí  paramos a comer y dirección al hotel. El resto de los días no volvimos a Odemira porque no nos venía de camino de las excursiones que hicimos. Nos quedamos en el refugio, cenamos y nos acostamos temprano. El trayecto había sido largo.





Al día siguiente desayunamos tranquilamente (un desayuno más que suficiente) y mirando el mapa decidimos ir a Vila Nova de Milfontes, localidad costera distante 28 Km. La carretera de salida del Refugio era una pista forestal perfectamente adecuada para ir en coche. Se veían muchos invernaderos (allí les llaman estufas) e incluso parando no conseguimos identificar lo que se cultivaba. Más tarde nos enteramos que eran moras, frambuesas, grosellas....Salimos de la pista y cogimos la N 393. Muy bien asfaltada y con poco tráfico. Atravesamos un puente sobre el rio Mira y llegamos a Vila Nova de Milfontes. Un precioso pueblo costero con una impresionante estuario donde desemboca dicho rio.


Ría de Vila Nova de Milfontes


Vila Nova de Milfontes es una freguesía perteneciente al concelho de Odemira con poco más de 5000 habitantes. Una preciosa y muy cuidada localidad, destino turístico sobre todo entre los portugueses, y con muchas playas tanto hacia el norte como hacia el sur enclavadas entre acantilados. Calles adoquinadas de granito, muy limpias, aceras con el clásico empedrado blanco portugués que se ve en todas partes. Casas bajas de una o dos alturas con fachadas encaladas y dinteles de puertas y ventanas pintadas de color azul (la mayoría), amarillo o gris. De hecho a esta localidad se la conoce como la "princesa del Alentejo". Este aspecto es una constante muy típica de las localidades alentejanas.




Aparcamos el coche y nos dirigimos hacia el mar. El tiempo acompañaba y desde un mirador pudimos contemplar la inmensidad de la ría con varias playas a ambos lados. Se veía gente aunque poca en el agua. Junto al mirador, una muy coqueta iglesia del S XVI (Igreja de Nossa Sehora da Graça) y una fortaleza desde la que se domina todo el estuario. Es el Forte de São Clemente, mandado construir por el Rey Felipe III de España y II de Portugal para controlar desde ahí cualquier llegada al puerto. Es visible desde las playas del pueblo así como la impresionante hiedra que cubre sus muros.

Fuerte de San Clemente




Desde este mirador nos dirigimos caminando por un agradable paseo que bordea una de las playas hasta el faro y la estatua de Arcanjo,  escultura de aspecto futurista creada por el escultor  Aureliano de Aguiar. De vuelta paramos en un chriringuito a pie de playa para hacer el repostaje de rigor.

Calle de Milfontes

Seguimos paseando y disfrutando de la tranquilidad que se respiraba. El comercio se veía muy preparado de cara al verano. En el hotel nos aconsejaron el restaurante "Tasca do Celso" (www.tascacelso.eatbu.com) y ahí nos dirigimos. Estaba localizado muy cerca de donde nos movíamos. El hambre ya apretaba y tuvimos suerte de tener una mesa sin haber reservado ya que se llenó enseguida. Nos dejamos aconsejar aunque no recuerdo muy bien lo que comimos.

Tasca Do Celso

 Nos sentamos en una mesa para dos situada frente a una cuidada bodega en la que predominaban los vinos portugueses aunque también había algunas marcas españolas y aconsejados por el camarero liquidamos un vino blanco alentejano que estaba de fábula.


Después de comer fuimos en coche a una de las playas situadas en la proximidad de Vila Nova. La playa de Almograve (Praia do Almograve). De facil acceso y de arena muy fina son en realidad dos playas separadas por unas rocas que al bajar la marea se convierte en una. El sol pegaba bien y se veía gente en la playa. Nos aposentamos en un bar desde el que podíamos contemplar toda la playa. La marea no estaba baja del todo y todavía una roca la dividía en dos.


Playa de Almograve

De ahí nos dirigimos hacia el sur y llegamos al Faro de Cabo Sardao (Farol do Cabo Sardão). Situado en la parte superior de unos impresionantes acantilados en los que se podían ver nidos de cigüeñas con sus crías. Se accede en coche hasta el mismo faro y de ahí a través de unos senderos puedes recorrer  los acantilados y disfrutar de unas vistas maravillosas. Conté tres coches en el parking. No parece que sea un sitio muy turístico pero vale la pena visitarlo.



Faro Cabo Sardao



La tarde iba decayendo y decidimos volver al Refugio do Monte (21 km) no sin antes hacer una parada técnica en un supermercado para comprar algo de cena. La puesta de sol desde el jardín fue espectacular con un tono anaranjado que recordaba los atardeceres en Estambul.

Atardecer en el Refugio Do Monte

Al día siguiente nos levantamos, desayunamos  y mirando de nuevo el mapa y con la información que teníamos nos decidimos visitar Zambujeira do Mar localidad costera situada a 22 km dirección suroeste y también perteneciente al concelho de Odemira. En 2011 contaba con 912 habitantes siendo su actividad principal  el turismo.

Casa de Zambujeira Do Mar


Iglesia de Nª Sra. del Mar

Aparcamos el coche y fuimos inspeccionando el terreno. Localidad de construcción y aspecto muy parecido a Vila Nova de Milfontes. Muy bien cuidada daba la sensación de ser más tranquila. Dirección al mar llegamos al final de una calle que terminaba en una explanada sobre un acantilado. Allí se encuentra la Iglesia de Nossa Senhora do Mar, patrona de la localidad. Desde aquí la carretera desciende hasta la praia de Zambujeira, preciosa playa situada entre dos acantilados y de muy fácil acceso. Bajamos caminando hasta ahí y luego nos adentramos en las callejuelas del barrio de pescadores. Casas encaladas y con los dinteles de puertas y ventanas pintadas de azul o amarillo. Muy típico de la zona.




Playa de Zambujeira

El tiempo amenazaba lluvia pero pudimos tomar un aperitivo. Pensábamos ir a comer a un italiano pero nos pilló una granizada impresionante y nos tuvimos que refugiar bajo el toldo de un restaurante y ahí comimos. Una gente estupenda y con ganas de agradar. La verdad es que nos dieron bastante bien. La tarde continuó bastante inestable y algo había que hacer. Como andaba con la reserva de gasolina en el coche pregunté por una gasolinera. La más próxima estaba en S. Teotonio, a unos 10 km. Cargamos el depósito y poco a poco, por carreteras comarcales fuimos hasta el hotel. Continuaba lloviendo y al llegar nos dimos cuenta que éramos los únicos huéspedes. Aprovechando la circunstancia nos tomamos unas cervezas y un poco de lectura en el salón, algo de cena y a dormir. Esa fue la última noche que pasamos allí. Al día siguiente viajábamos hasta Isla Canela, junto a Ayamonte, ya en España.


Costa Vicentina

Muy contentos de haber "descubierto" el Alentejo y la Costa Vicentina, destinos turísticos que no se promocionan mucho y que fundamentalmente son visitados por los propios portugueses. Y que así siga porque otras ciudades y zonas portuguesas están sobresaturadas de turistas como por ejemplo Oporto, Lisboa, el Algarve , etc........

Un cordial saludo,









martes, 11 de enero de 2022

Fin de año

 31 de Diciembre de 2021, día de San Silvestre. Aprovechando la bonanza meteorológica de los últimos días del año decidimos dar un paseo por Aralar, esa sierra por la que algunos mantenemos una especie de atavismo que cada cierto tiempo nos "obliga" a ir, a observar los cambios estacionales en la frondosidad del tupido hayedo, recordar épocas infantiles en las que dábamos nuestros primeros pasos en la nieve "esquiando" en las campas de Albi con aquellos esquís Attenhofer de palanca que había que encerar previamente y calzando botas de cuero con cordones que sólo con atarlas se te helaban las manos.


Aparcamos en Casa del Guarda, o en lo queda de ella, y comenzamos la ascensión hasta San Miguel por la carretera. Una subida suave de unos 4-5 km respirando aire puro sin la dichosa mascarilla y disfrutando de un paisaje muy relajante. De vez en cuando algún ciclista, motorista, nos adelantaba. Ocasionalmente, en zonas sombrías aparecían "manchas" de nieve que nos recordaban las nevadas de finales de noviembre. Poco a poco fuimos subiendo y una vez cogido el ritmo de paso caminamos tranquilamente mientras muchos pensamientos iban pasando por la cabeza. No es lo mismo el paseo urbano que en plena naturaleza. Aquí la mente se relaja y lo ves todo desde otra óptica.


Muy cerca del Santuario pudimos recrearnos con una panorámica de la llamada Barranca, esa zona que abarca desde Irurzun a Alsasua y que estaba cubierta por una fina capa de niebla. Esas vistas aderezadas con la estampa de un grupo de caballos salvajes que bajaban por la carretera completaban el cuadro de una manera total y absoluta.


Llegamos al Santuario de San Miguel, muy animado por cierto, y la primera visita es obligatoria. El arcángel nos esperaba. Una ermita de estilo románico de la que se tiene primera referencia en 1032.


 Un pasadizo da acceso a un pórtico cerrado o nártex y de aquí pasamos a la iglesia. De tres naves casi de la misma altura coronadas por bóvedas de cañón que descansan sobre arcos fajones y rematadas en la cabecera por tres ábsides semicirculares (aunque el central en el exterior sea poligonal) con bóvedas de horno. En la nave central un pequeño santuario con cubierta a dos aguas del siglo XII alberga la imagen de San Miguel.


En el ábside central un retablo preside la capilla mayor. Es el ejemplo más notable de decoración de altar en época románica. Datado de finales del siglo XII, se trata de un conjunto de cobre dorado y 39 piezas esmaltadas con adornos de piedras semipreciosas. El conjunto representa a la Virgen con el Niño, el tetramorfos o símbolos de los cuatro evangelistas, los apóstoles, los Reyes Magos, la Anunciación y San José. En 1765 se trasladó a Pamplona para ser limpiado y en 1979 fue robado por Erik "el belga"famoso por ser uno de los más prolíficos ladrones de arte de Europa del siglo XX. Se consiguió recuperar y observándolo de cerca se puede apreciar que faltan dos medallones de la parte superior izquierda.


Meditando en el interior oímos a unos txistularis, dentro del santuario en el que está la figura de San Miguel, interpretar el Agur Jaunak. El ambiente sobrecogía y emocionaba. 


Salimos y nos dirigimos a una zona junto al parking desde la que se podía ver Pamplona, la Higa de Monreal y a lo lejos los Pirineos nevados. La visibilidad era total.


 Descansamos un rato, hicimos unas fotos y comenzamos a bajar. Unas fotos más por el camino y decidimos ir a comer a Lekumberri, concretamente a un restaurante especialista en carne de cerdo: Maskarada. Es una empresa familiar dedicada a la cría de la raza Euskal Txerri, facilmente distinguible ya que la cabeza y los cuartos traseros son de color gris oscuro. Su carne se puede degustar en el restaurante y se pueden adquirir  en la tienda localizada en el mismo establecimiento  diferentes especialidades porcinas en forma de paté, salchichas, lomo, jamón, etc. Tuvimos mala suerte ya que ese día el comedor estaba cerrado no así la tienda, por lo que hicimos alguna compra. Terminamos comiendo un plato combinado en Muguiro, así que ni tan mal. De ahí, poco a poco y con unas vistas espectaculares de la Sierra de Aralar volvimos a casa.


Fué una bonita despedida de año.

Un saludo,

martes, 4 de enero de 2022

Peyrehorade

 Peyrehorade es una localidad francesa situada a unos 95 Km de San Sebastián, muy cerca de Bayona, en el departamento de Las Landas, distrito de Dax.

Su núcleo urbano está atravesado por el Gaves Réunis, un majestuoso río de aguas tranquilas afluente del río Adur y que con este nombre desemboca en Bayona con un caudal soberbio y una anchura imponente, como muchos ríos franceses. La última referencia sobre el número de habitantes que he encontrado data de 2015 y lo cifra en 3794.

La primera vez que estuve en este pueblo fue en los años 70 volviendo de esquiar con mi padre. Yo tendría 12-13 años. Seguro que ya tendría en mente comer allí, concretamente en el Hotel Le Central. Recuerdo muy bien la escena: era la primera vez que veía a camareros vestidos casi de esmoquin y la manera tan ceremoniosa que tenían de servir los platos en bandejas con cobertor, y con reverencia incluída. Desde entonces no había vuelto.


El motivo de esta entrada se debe a la visita que realizamos a esta localidad el miércoles anterior a Navidad. Tradicionalmente ese día se celebra una feria que anualmente se repite en esa fecha y que un buen amigo nos había recomendado. 


Salimos de San Sebastián a las 8 de la mañana y en una hora y cuarto llegamos. La temperatura allí rondaba los cuatro grados y el cielo aparecía raso. Hacía frío y nos pilló desprevenidos. Ya se veía ambiente y en la plaza se amontonaban los diferentes puestos de ropa, quesos, comida preparada, etc. Me llamó la atención una pescadería/marisquería instalada en el trailer de un camión. El objetivo de nuestra visita era comprar hígado de pato fresco. Nuestro amigo lleva años acudiendo a esta feria y es un gran experto en la elaboración de foie gras mi-cuit. En un recinto cerrado varios puestos ofrecían al público las diferentes partes del pato. Desde el hígado fresco al magret pasando por otras zonas del pato desconocidas para nosotros. También estaba a la venta el ánade con su cuello y pico y con la carcasa interior a la vista. Tengo la impresión que en Francia lo aprovechan todo. Otros puestos ofrecían otras especialidades del pato debidamente elaboradas. Se veían muchos huecos. Nos explicaron que por culpa de la pandemia el número de feriantes había disminuído considerablemente.


Fue una mañana muy entretenida y provechosa. Como no, también nos hicimos con unas porciones de queso que vendían a granel.  No concibo volver de Francia sin algo de queso aunque conozco personas que no lo pueden ver ni en pintura. Ellos se lo pierden.


Las próximas navidades volveremos.

Un saludo,

lunes, 6 de diciembre de 2021

Mariza

 El pasado 30 de Noviembre actuó en el Kursaal donostiarra Mariza. Actualmente, junto a Ana Moura, se les puede considerar las mejores voces del fado portugués. 


Es el nombre artístico de Marisa Dos Reis Nunes nacida en el Mozambique portugués el 16 de Diciembre de 1973. De madre mozambiqueña y padre portugués creció en el barrio lisboeta de la Mouraria, cuna del fado. Allí se fue empapando de esa música aunque inicialmente sus preferencias se decantaron por el gospel, el R&B (rhythm&blues) y la música brasileña.


Según cuenta su biografía su aproximación al fado tiene lugar en 1999 tras la muerte de la gran fadista portuguesa Amalia Rodrigues en cuyos homenajes póstumos Mariza participó.

Publicó su primer álbum en 2001, Fado em mim. En 2003 le siguió Fado curvo gracias al cual obtuvo ya reconocimiento internacional. Posteriormente siguieron otros discos, Transparente, Hay una música del pueblo (junto al cantaor José Mercé), Mi fado mío, etc. En 2007 participó en la película Fados bajo la dirección de Carlos Saura. El 24 de Mayo de 2014 interpreta el himno de la UEFA Champions League en la apertura de la Final de la Champions que se jugó en el Estadio da Luz de Lisboa y que enfrentó al Real Madrid y al Atlético de Madrid. En total ha publicado 10 álbumes siendo el último en 2020 y que forma parte de la gira que está realizando actualmente: Mariza canta Amalia. En España tiene previsto actuar en La Coruña, Madrid, Bilbao y Donostia.


Fue un concierto de unas 2 horas de duración sin descansos en el que pudimos ver y oír a una Mariza totalmente entregada, con una imponente capacidad vocal y una presencia escénica arrolladora. Todo en ella es genuino. Con que elegancia movía unos brazos interminables, en los que destacaban unos tatuajes florales que ocupaban prácticamente todo el brazo derecho, y unas manos con unos finísimos dedos. Entre canción y canción fue contando anécdotas de su vida en un casi perfecto castellano. Muy cercana, muy humana.


Comenzó el concierto interpretando dos fados con una profundidad y sentimentalismo fuera de lo común que consiguieron que unas lágrimas de cocodrilo empañaran mis gafas. Es que los fados son así, si te llegan te revuelven. Son poesía ayudada por la música, dulce melancolía que traduce muy claramente la identidad lusa. Interpretados por Mariza los podemos asimilar casi de la misma manera que lo haría un lisboeta. 


La puesta en escena muy austera: un acordeonista, una guitarra española, una guitarra portuguesa, un bajo y una batería. Los fue presentando y de todos destacaba el de la guitarra portuguesa. Un instrumento muy reconocible por su sonido y muy presente en la música popular portuguesa que consta de 12 cuerdas agrupadas de dos en dos. Una caja con forma de pera y un mástil más corto que el de la guitarra española. El intérprete, Luis Guerreiro, lo bordó.


Un concierto inolvidable y una cantante impresionante que espero la volvamos a ver por aquí de nuevo.

Un saludo,